Fibromas uterinos: síntomas, diagnóstico y tratamiento

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Los fibromas uterinos, clínicamente conocidos como leiomiomas uterinos, son la forma más común de crecimiento no canceroso en el útero para las mujeres en edad fértil. Estos fibromas están formados por grupos de células musculares y otros tejidos y pueden variar desde el tamaño de un guisante hasta un crecimiento grande y redondo que puede tener más de 12,5 a 15,30 centímetros de ancho. Los fibromas se pueden encontrar dentro de la cavidad uterina (submucosa), en la pared del útero (intramural) o en la parte exterior del útero (subserosa).

Entre el 20 y el 80 por ciento de las mujeres desarrollarán fibromas cuando alcancen los 50 años. Sin embargo, es difícil decir exactamente cuántas mujeres los tienen porque muchas mujeres no presentan ningún síntoma. Los estudios, incluido un estudio escandinavo aleatorizado de 335 mujeres asintomáticas, así como otro estudio realizado entre 1364 mujeres entre las edades de 35 y 49 en el área de Washington, DC, han demostrado que la probabilidad de desarrollar fibromas aumenta con la edad.

Signos y síntomas

Muchas mujeres no tienen ningún síntoma, pero cuando lo hacen, pueden incluir períodos abundantes o dolorosos o sangrado inesperado entre períodos. Si el fibroma crece sin control, puede causar presión o dolor agudo o crónico en la vejiga o los intestinos. En tales casos, el paciente puede experimentar dolor lumbar, micción frecuente y dolor durante las relaciones sexuales.

Diagnóstico y pruebas

La ecografía es la forma más común de detectar los fibromas uterinos. Hay dos tipos de ecografías: transabdominal, donde el transductor se coloca sobre el abdomen para obtener una imagen (muy similar a la ecografía prenatal), y transvaginal, donde el transductor se coloca dentro de la vagina. El primer método puede cubrir un área más grande tanto dentro como fuera del útero y el área abdominal circundante, mientras que el segundo método proporciona más detalles ya que está más cerca del útero.

Otras técnicas de imágenes incluyen la histerosalpingografía, que utiliza un tinte de rayos X inyectable para resaltar la cavidad uterina y la trompa de Falopio con el fin de proporcionar imágenes de rayos X mejor detalladas, y la histeroscopia, donde se coloca un endoscopio largo y delgado con una luz y una cámara. insertado en el útero a través del cuello uterino. Ambas técnicas de imágenes también se pueden utilizar para detectar otras afecciones y crecimientos, como pólipos.

Complicaciones

Los fibromas son casi siempre benignos y no aumentan el riesgo de desarrollar un fibroma cancerígeno, ni aumentan las posibilidades de desarrollar otros cánceres en el útero.

En casos raros, los fibromas pueden distorsionar y bloquear las trompas de Falopio, lo que dificulta que los espermatozoides se muevan del cuello uterino a las trompas de Falopio. Ocasionalmente, los fibromas submucosos que crecen en la cavidad uterina pueden prevenir la implantación y el crecimiento de un embrión. En algunos casos, múltiples fibromas o un solo fibroma grande pueden distorsionar la cavidad uterina y causar complicaciones. Pero, en general, los fibromas no suelen interferir con la concepción y el embarazo.

Algunas mujeres embarazadas experimentarán dolor localizado durante el primer y segundo trimestre. Sin embargo, esto se puede tratar con analgésicos de venta libre.

Tratamientos y medicación

Los fibromas se pueden controlar mediante medicamentos, cirugía u otros procedimientos no quirúrgicos. Los agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRHa), como los que se denominan Lupron y Synarel, pueden proporcionar un alivio temporal al reducir los fibromas y controlar el sangrado abundante. Sin embargo, esta no es una solución permanente, ya que las GnRHas pueden causar adelgazamiento de los huesos y su uso generalmente se limita a seis meses o menos. Además, los fibromas a menudo vuelven a crecer rápidamente una vez que el paciente deja de tomar el medicamento.

Ciertos síntomas, como el sangrado excesivo, pueden tratarse con ablación endometrial, que utiliza calor, energía de microondas, agua caliente o una corriente eléctrica para desprender el revestimiento endometrial del útero. Sin embargo, el procedimiento no aliviará los síntomas causados ​​por los fibromas que crecen en la parte exterior del útero y afectará la maternidad.

La histerectomía, la extirpación completa del útero, es, hasta ahora, la única solución permanente comprobada para los fibromas uterinos. De hecho, el fibroma uterino es una de las tres razones más comunes por las que se realiza una histerectomía. El procedimiento elimina la capacidad de tener hijos y, si también se extirpan los ovarios, inicia la menopausia de inmediato.

La miomectomía elimina los fibromas sin extirpar la parte sana del útero. Si bien esta opción quirúrgica es preferible para las mujeres que aún desean tener hijos, existe el riesgo de que reaparezcan los fibromas. La cirugía puede ser mínimamente invasiva y realizarse a través de una pequeña incisión con un laparoscopio. Sin embargo, si hay varios fibromas, un solo fibroma grande o fibromas que están profundamente incrustados en el útero, es posible que el cirujano tenga que crear una incisión más grande para extirpar todos los fibromas.

Otra opción mínimamente invasiva es la embolización de la arteria uterina. Durante el procedimiento, se inserta un catéter delgado del tamaño de una hebra de espagueti en las arterias que alimentan el útero. Luego, se inyectan pequeñas partículas de plástico o gel en el catéter para bloquear el suministro de sangre al fibroma y hacer que se encoja. El procedimiento es más adecuado para mujeres con fibromas que causan dolor crónico o compresión de la vejiga o el recto, o mujeres que experimentan un sangrado significativo.

Otra opción de tratamiento es la miólisis, que utiliza corriente eléctrica, láser o nitrógeno líquido para destruir los fibromas y encoger los vasos sanguíneos que los rodean. Sin embargo, la seguridad, la eficacia y el riesgo de recurrencia de estos procedimientos aún no están claros.


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